Fragmento tomado del texto: Arquitectura y sentidos: Ciencia, Arte y Poética del cuerpo.



Idea del Volumen. A modo de arqueología.



I.

La mano cubre los materiales y las texturas, el hilo se confunde con el tejido. La armonía es vista desde la perspectiva de lo que atrae y se contrae. La luz es necesaria para representar, amañar y sellar. Es preciso interrumpir la cavidad con la tenue luz, para matizar y dar volumen.

El pintor toca para hacer ver, el escultor interrumpe su materia para hacer visible la forma. Los trazos cambiantes, llenos de tangencia, globalmente contingentes: mezcla, laberinto, lazos, paredes, organizan la gran trampa del tacto y la estancia. Exponer, alzar la forma, la idea de la palabra pronunciada. Esculpir, edificar y modificar, arquitectura, geografía variable, efímera y receptiva. Los espacios de tres dimensiones, exigen al hombre y sus sentidos, reacomodar su capacidad de interpretar.


II.

El lenguaje ficciona, hace posible lo imaginado, condiciona y vuelve mundo lo pensado.

Se comienza a construir los ecos, lo perdurable y el refugio de nuestras fragilidades. En el sentido de lo tangible, la metáfora del cuerpo y sus estructuras serán la base, la caja de las inspiraciones, la obra abierta, con columnas de aire y de agua, torres sólidas, paredes o placas amplias y largas. Geómetras y topólogos por dimensiones y vecindades, nos alojamos, fuertes, verticales y simétricos.

La arquitectura va recubriendo y trasformando la piedra dura, el hormigón con el grano fino y sus pigmentos, moldeando, incluyendo al mundo y sus travesías, como un cráneo o un ojo. Escenografía , puesta en escena de variables y estructuras corpóreas, representando lo real, eso nombrado , en el engaño de lo perceptivo. La escenografía es habitar en las historias: se busca la memoria y se fricciona la descripción con la forma.

III.

Ya refugiados en los espacios, con palabras e imágenes, con las señas de nuestras vivencias, la ilustración deja su cara y lo representado está fuera del tinte y el papel, del fresco y sus pinceladas. Salimos de la caja, de lo secreto e imaginativo, para reconstruir, para hacer del lugar su volumen.

Captar y formar como un gran mecano los movimientos, los extremos de las distancias, se convierte en condición , en exigencia , no sólo para asombrarnos de nuestra propia naturaleza sino para penetrar en ella. Nace el punto: la seña, el otro punto , se resbala en la cueva, desligando , desatando los códigos y exigiendo el recuerdo de lo experimentado, tatuajes sobre las superficies. El otro punto se inclina y se sostiene, el mármol es tallado, envuelto en ligeros y rítmicos movimientos. El tercer espacio se construye y edifica para que los otros estén. El volumen aparece: el cuerpo y la piel hecha pliegue, resistencia y profundidad. La distancia entre un punto y otro será lo tridimensional del mundo, lo circular de la tierra.

Hay silencios, quiebres y profundidades, la luz, el fuego que Prometeo da a los hombres funde los materiales, y hace de la presencia sus sombras.

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