Orfeo apacigua las fieras alisando las espinas del ruido y suavizando el silencio de los fraudes. Detrás, abajo, oscuro y frío , se reconoce la piel sin su epidermis, el mapa de lo sostenido en las venas, vértebras y huesos. Espacios para otras espacios, finamente pintados con el color que ha simbolizado la vida después de la muerte: Un rojo combinado con el amarillo cobrizo que va trasformando las manchas, los errores, en un nuevo mensaje, en nidos, nudos y dibujos del tiempo. Lo profundo significa la lógica de lo presente, nunca aquí en este mundo de la vida después de la muerte hay futuro. El tiempo corre en la línea de lo que se pronuncia. Estatuas que se fracturan por los rumores de los recuerdos. No sabremos, qué ha pasado y jamás sabremos lo que pasará . Morir y seguir viviendo es ya la respuesta a poder tocar, sentir y crear los tiempos, el ritmo y el acorde.
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Arquitectura y sentidos: Ciencia, Arte y Poética del cuerpo.
0 comentarios Publicado por sacuva en 15:08Fragmento tomado del texto: Arquitectura y sentidos: Ciencia, Arte y Poética del cuerpo.
Idea del Volumen. A modo de arqueología.
I.
La mano cubre los materiales y las texturas, el hilo se confunde con el tejido. La armonía es vista desde la perspectiva de lo que atrae y se contrae. La luz es necesaria para representar, amañar y sellar. Es preciso interrumpir la cavidad con la tenue luz, para matizar y dar volumen.
El pintor toca para hacer ver, el escultor interrumpe su materia para hacer visible la forma. Los trazos cambiantes, llenos de tangencia, globalmente contingentes: mezcla, laberinto, lazos, paredes, organizan la gran trampa del tacto y la estancia. Exponer, alzar la forma, la idea de la palabra pronunciada. Esculpir, edificar y modificar, arquitectura, geografía variable, efímera y receptiva. Los espacios de tres dimensiones, exigen al hombre y sus sentidos, reacomodar su capacidad de interpretar.
II.
El lenguaje ficciona, hace posible lo imaginado, condiciona y vuelve mundo lo pensado.
Se comienza a construir los ecos, lo perdurable y el refugio de nuestras fragilidades. En el sentido de lo tangible, la metáfora del cuerpo y sus estructuras serán la base, la caja de las inspiraciones, la obra abierta, con columnas de aire y de agua, torres sólidas, paredes o placas amplias y largas. Geómetras y topólogos por dimensiones y vecindades, nos alojamos, fuertes, verticales y simétricos.
La arquitectura va recubriendo y trasformando la piedra dura, el hormigón con el grano fino y sus pigmentos, moldeando, incluyendo al mundo y sus travesías, como un cráneo o un ojo. Escenografía , puesta en escena de variables y estructuras corpóreas, representando lo real, eso nombrado , en el engaño de lo perceptivo. La escenografía es habitar en las historias: se busca la memoria y se fricciona la descripción con la forma.
III.
Ya refugiados en los espacios, con palabras e imágenes, con las señas de nuestras vivencias, la ilustración deja su cara y lo representado está fuera del tinte y el papel, del fresco y sus pinceladas. Salimos de la caja, de lo secreto e imaginativo, para reconstruir, para hacer del lugar su volumen.
Captar y formar como un gran mecano los movimientos, los extremos de las distancias, se convierte en condición , en exigencia , no sólo para asombrarnos de nuestra propia naturaleza sino para penetrar en ella. Nace el punto: la seña, el otro punto , se resbala en la cueva, desligando , desatando los códigos y exigiendo el recuerdo de lo experimentado, tatuajes sobre las superficies. El otro punto se inclina y se sostiene, el mármol es tallado, envuelto en ligeros y rítmicos movimientos. El tercer espacio se construye y edifica para que los otros estén. El volumen aparece: el cuerpo y la piel hecha pliegue, resistencia y profundidad. La distancia entre un punto y otro será lo tridimensional del mundo, lo circular de la tierra.
Hay silencios, quiebres y profundidades, la luz, el fuego que Prometeo da a los hombres funde los materiales, y hace de la presencia sus sombras.
Etiquetas: Ideas con metáfora
Lo espera, lo inventa. Inhala la suavidad del tiempo, las horas se establecen y en la huida de las presencias sólo hay hitos de una fatalidad, trazos, recorridos al viejo destino que obra para la gracia de un pertinente encuentro. Somete los deseos a los tiranos recuerdos: sobras de placeres, desperdicios, guijarros secos, sensaciones pétreas.
Llueve con la fuerza de las fieras enjauladas. Desde la ventana ella observa los gestos de un desconocido, las gotas en el rostro, los malabares que hace para sortear el agua que enmudece los poros. Se desequilibra la paciencia, la mirada de ella es profunda, una cripta recubierta de códigos , lenguajes sagrados, la historia de los secretos. Descuida su vanidad, enreda su cabello y las ideas. No teje – ya no cree, no insiste en una llegada, en la palabra y la forma de la carne. Sigue la lluvia , no cesa como los llantos de las brujas sin vientre. Ella se anida, se protege del clima, del frío y las solitarias compañías que la visitan insistiendo en cambiarle su pálido rostro, en rehabilitarle la sangre y sacarle esas ideas letales de la cabeza, como si su amor fuera una virulenta enfermedad que degenera la cordura.
conjuga todas las profecías para hacer posible lo imposible, embriaga su sentido de pitonisa: no quiere ver la travesía, la verdad de su presencia, sabe que duele, porque al alma no se engaña, sólo se despista con sentimientos que falsean las angustias. Ella prepara sus miserias, como un banquete , elabora las excusas para recubrir las ausencias. Es materia su fidelidad y la postura que asume ante los sables de los jueces y las risas de los bufones.
Se pinta sus pechos con el color del sexo, recorre su cuerpo frente al espejo, mira las curvas, las oscuridades y los quiebres, lo envuelve en una seda blanca y se deja llevar por otros motivos lejanos a su virginal existencia. Concreta con la suavidad de sus manos un insípido momento de placer, el refugio femenino donde la voz pronuncia el eco de los ímpetus carnales que están en lo profundo de las entrañas, como un pecado en el infierno. La nostalgia invade su sonrisa, las palabras son disonantes, sin aliento, agoniza el amor, se desangra la fe, bota las riquezas y destrona sus ilusiones.
Cubierta de estrellas piensa en lo equivoco de la espera, decide como una guerrera que será ella quién debe viajar, enfrentar a las sirenas y los monstruos, tocar el agua y la arena, acercar su pulso al ritmo de las noches y las danzas, engañar su sentencia. Empaca sus miedos, algo de fragancias y emprende el camino, con sus delicados pies abre rutas y mapas para la conquista. Inunda las ciudades que visita con olores a mestizaje de pasiones, crea señales, pistas para encontrarlo. En cada esquina, en las ágoras y en lo público expone sus intimidades, se desnuda frente a muchos para ver sus reacciones, estimula los sentidos de lo inexplicable, ahoga los ideales. Representa en los extraños el amor, los dolores de un beso y las caricias.
Sigue su búsqueda, sin cansancio, como una cazadora de tesoros, de plantas exóticas, de antídotos para sus enfermedades. Conoce historias, imágenes y nuevos colores, cielos y montañas, retrata los paisajes , los territorios de su amor, consigna con detalle los sueños, las inclemencias de estar fuera de su cómodo lecho. Se intriga por las malezas y los animales. Silencia las humillaciones.
Justo en el olvido de lo que busca, la circulación le fluye, las pulsiones son latentes como la respiración. Él está , la observa desde el ventanal de la simplicidad. Los dos se acercan, se merodean, sobornan las ansiedades, huelen los calores, refugian sus reproches y abandonos en un abrazo. Parodian la hazaña de la búsqueda y sin perturbaciones pronuncian los nombres, dejando caer sus furias, penetrando en lo subterráneo para amañar la historia.
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